Mostrando entradas con la etiqueta El euro-western político. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El euro-western político. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de diciembre de 2013

"EL HALCÓN Y LA PRESA"

Este film es el primero de los tres spaghetti western de Sergio Sollima en el año 1966. Aunque sea el primero de llamada por algunos trilogía Sollima, su continuación no es el segundo film de Sollima “Cara a cara”, sino “Corre, cuchillo, corre”, su tercer western, por lo que el nombre de trilogía es debido a que Sergio Sollima solo hace tres spaghetti westerns. “El halcón y la presa” se trata de un western que reluce en el subgénero con su armonía entre contemplación y acción fluida (muchas veces muchas veces violenta), la magnífica actuación de su reparto, un elaborado guion, una buena puesta en escena y la música por la mano del siempre genial Ennio Morricone.         


                     Cartel de la película “El halcón y la presa”                      
La acción de la película trancurre entorno a la persecución que lleva Jonathan Corbett (Lee Van Cleef) contra Cuchillo (Tomas Millan), el supuesto violador y verdugo de una niña de 12 años. Por medio de esta persecución que resulta una auténtica cacería humana, Sollani muestra al espectador una confrontación entre verdad y mentira, individuo y sociedad, entre lo que es justo y lo opresivo. Corbett es un cazarrecompensas de primera, un hombre con una rectitud y profesionalidad intachable, pero por otro lado es una herramienta opresora de una sociedad podrida por la corrupción cuyos actos están basados por el interés, en la que las apariencias engañan. Cuchillo, chivo expiatorio por su condición, es un fugitivo de un crimen que no ha cometido, que ha de sobrevivir con éxito en una sociedad cruel por la que se muestra que la existencia de ricos implica en la existencia de pobres. Sollani no juzga a estos personajes sino que sencillamente los define por sus actos. 

Cada vez que Cuchillo es alcanzado por Corbett, se desarrollan entre ambos conversaciones en las cuales simbólicamente se les quita las máscaras a los personajes, pasando de lo que parecen ser a lo que son realmente, especialmente en el caso de Cuchillo.  

Otro aspecto fundamental que trata Sollani en la película es la relación entre opresor y oprimido. La escena del rancho de la viuda Nieves Navarro es un buen ejemplo de ello, en la cual Navarro engatusa con sus encantos a los hombres para luego deleitarse con su sufrimiento físico. Cuchillo sucumbirá a sus encantos, pero Corbett como hombre recto no caerá pese a ofrecerle compartir no solo su cama sino su poder. El vicio de Navarro transforma la pobreza en un lamentable y degenerado espectáculo, puesto que realmente su posición socio-económica no parece satisfacerla, sino su depravación. Es así como se muestra una sociedad burguesa inhumana, cruel, y aquí es donde está el reflejo anteriormente mencionado de que para la existencia de ricos ha de haber pobres.   


Bibliografía
- PALACIOS JESÚS, “Sergio Sollani”, Nosferatu 41-42, 2002, pp 160-168.
-  ALEX COX, "10.000 maneras de morir",


                                                                                José Marín Lao 2º A3

 

SERGIO SOLLIMA, EL WESTERN FILOSÓFICO


 Sergio Sollima es un director y guionista de cine, cuya obra más conocida es la denominada saga Sandokan (Sandokan es del escritor Emilio Salgari, pero Sollima lo lleva a la gran pantalla). Nació el 17 de marzo de 1921 en Roma, Italia. A pesar de solo haber realizado tres películas de Spaghetti Western, es un referente en el subgénero valorado por críticos y aficionados, ya que su obra se debe valorar de un modo cualitativo y no cuantitativo

   Los westerns de Sergio Sollima tienen influencia de Sergio Leone
Ya desde su infancia muestra un gran afán por el séptimo arte. En 1941 deja sus estudios de derecho e ingresa en el Centro Sperimentale di Cinematografia para acercarse a su verdadera pasión. En 1943 desertó y pasó a la Resistencia durante la guerra, y tras esta se dedicó al teatro ejerciendo como director y dramaturgo. No seria hasta los años 50 cuando comenzase sus primeros pasos en la industria del cine italiano como ayudante de dirección trabajando con directores como Sergio Corbucci o Alberto de Martino en películas y documentales. Más tarde escribirá guiones para varios directores italianos.     Sería en los años sesenta cuando llega su debut como realizador y su periodo en el que se da a conocer como director con su éxito en taquilla “Agente 3S3”. En la segunda mitad de la década de los sesenta, sería cuando realizaría sus tres famosas películas de Spaghetti Western, y con ellas marcaría este subgénero. 

 Su primer western es “El halcón y la presa”, de 1966, el segundo western es “Cara a cara”  de 1967, y su tercer y última western es “Corre, cuchillo, corre” de 1968. En estos western, Sollima da lugar a una antihistórica perspectiva de la propia historia, en la que lo que se denomina civilización está compuesta por un sistema jurídico y social corrupto, una lucha de clases marcada por el asesinato movido por la avaricia, y el despotismo característico de la burguesía anglosajona en su acción dirigida a dominar el oeste americano. A su vez, otro rasgo característico de los westerns de Sollima es la inclusión de una moral individual en los personajes, reflejando así la interdependencia de las personas respecto a la vida de los demás seres humanos de la sociedad. Entonces en la temática se encuentra el problema de la culpa tanto en la sociedad como en el individuo. El reflejo o la manifestación de ello en los westerns de Sergio Sollima se lleva a cabo en numerosas ocasiones por medio del choque, de la violencia, como el propio Sollima admitiría en una entrevista. 

 La moral, ciertamente, es uno de los temas fundamentales de los westerns de Sollima, pero se trata de una moral con pronunciado carácter nihilista. Los protagonistas de sus western cuentan con esa moral individual que permite dotar a los personajes de una profundidad y una interioridad notorias que percibirá el espectador. Otro punto importante es la desmitificación del western clásico, en el cual se identifica rápidamente quienes son los villanos y los héroes, además de hacerse claramente visibles al público las intenciones de los personajes desde el primer momento. Sin embargo, Sollima con esa desmitificación expone que nada es lo que parece; se trata de tomar conciencia de cuales son los verdaderos enemigos y problemas. Esto otorgará a sus películas un carácter o aspecto típico de las fábulas, una “carga didáctica”.

 Por otro lado los tres westerns de Sollima cuentan con un estilo propio que el espectador identifica con facilidad, caracterizado por su ritmo, la emoción que invade al espectador en las escenas más insospechadas, y la frenética acción. Además, cabe señalar que para cargar de un mayor realismo a los tres westerns, se realizó una labor documental de carácter histórico sobre la historia del oeste americano, por la que gracias a ella el espectador palpará una destacada escenografía con un variado acompañada de un vestuario variado y realista. Este hecho será tomado en cuenta por otros directores posteriormente.   

Bibliografía
- ANSELMO NÚÑEZ MARQUÉS, “Western a la europea… Un plato que se sirve frío”, Entrelíneas editores.
- PALACIOS JESÚS, “Sergio Sollani”, Nosferatu 41-42, 2002, pp 155-168.

                                                                                                          José Marín Lao 2º A3                                                                                    



domingo, 8 de diciembre de 2013

EL EURO-WESTERN POLÍTICO: YO SOY LA REVOLUCIÓN.

“El western es un magnífico contenedor en el que puede caber una infinidad de cosas: de la tragedia griega y el drama shakesperiano hasta la psicología, absolutamente todo”

Con estas palabras, el director italiano Franco Giraldi, principalmente conocido por ser el asistente de dirección de Sergio Leone o Sergio Corbucci, además de llevar a buen puerto magníficos films como Siete pistolas para los Mcgregor (1965), esclarecía la versatilidad del género poniendo de manifiesto sus infinitas posibilidades. Y es que algunos directores, entre los que destaca Sergio Sollima, dejaron patente la veracidad de esta afirmación al establecer una relación directa entre western y política. Pero, ¿qué influyo en la gestación de este “subgénero” dentro del spaghetti western?. Aquí hay que mencionar la figura de Franco Solinas, guionista de La Batalla de Argel (1965). Tras su espléndido trabajo en este drama bélico que pretende ser un símbolo del antifascismo, el director italiano Damiano Damiani le ofrece el guión de Yo soy la revolución (1966); film en el que se ahonda plenamente en conceptos tan marxistas como la lucha de clases. 

Cartel de Yo soy la revolución, 1966
Sin embargo, hay que tener en cuenta lo que decía Damiani a propósito de Yo soy la revolución en 1966: “no es un western. La ignorancia de los críticos es tan profunda que cuando ven una persona a caballo piensan que la película es del Oeste. […] El western pertenece a la cultura protestante norteamericana. […] Al sur del Río Grande no hay West, está México que es otra cosa”. En cualquier caso, más allá de que la nomenclatura sea o no la correcta, el cartel de propio film, integrado por grandes figuras del western como Gian Maria Volonté o Ennio Morricone en el apartado musical, parece disipar toda duda.

Con una clara influencia de ¡Viva Zapata! (1952), el argumento gira en torno a la banda de El Chuco, al que da vida Gian Maria Volonté. Ésta se dedica a asaltar trenes con el objetivo de vender las armas obtenidas a los revolucionarios mexicanos. En uno de estos atracos se encontrarán a un americano interpretado por Lou Castel con el que El Chucho entablará una extraña amistad. Más allá del argumento, lo realmente interesante es el mensaje político que desprende a través de una narración perfectamente construida. Un buen ejemplo es el momento en que don Felipe, terrateniente interpretado por Andrea Checchi, es asesinado por el propio pueblo: -¿Así que queréis matarme sólo porque soy rico?. -No, señor. Porque nosotros somos pobres y usted ha hecho todo lo posible para que siguiéramos así”. Otro caso es el de Klaus Kinski, que interpreta un extraño sacerdote que cree que la revolución es obra de Dios: "¡Dios murió entre dos bandidos! Dios está con los pobres y los oprimidos, y si eres un buen cura, ¡debes saberlo!.

Escena de Yo soy la revolución, 1966

Este y otros diálogos del film ponen claramente de manifiesto el intento del guionista Franco Solinas por situar la lucha de clases en el contexto de la revolución mexicana. Con esta película Damiani introduce un subgénero en el spaghetti western; subgénero que toma como marco cronológico la revolución mexicana y donde las ideas políticas están siempre presentes. Siguiendo este modelo, se han realizado películas como Tepepa (1968), que por su similitud a Yo soy la revolución ha sido atribuida al propio Solinas (el guión fue realizado por Ivan Della Mea). Sin embargo, el mayor exponente de este subgénero será Sergio Sollima. Si bien de forma cuantitativa la aportación de Sollima al euro-western no puede compararse a la de otros directores, no es menos cierto que sus films pueden estar entre los de mayor calidad del género, lo que le ha permitido ganarse un hueco entre los grandes del western italiano. Fundamentalmente hay tres películas que necesariamente hay que mencionar a la hora de abordar este subgénero: El halcón y la presa (La resa dei conti, 1966), Cara a cara (Faccia a faccia, 1967) y Corre, Cuchillo, corre (Corri, Uomo, corri, 1968). Estos tres largometrajes, junto a un breve análisis de la figura de Sergio Sollima en el spaghetti western, serán objeto de una próxima entrada. 

BIBLIOGRAFÍA:
  • Curti, Roberto. "Pan y dinamita. El eurowestern político", Nosferatu 41-42, 2002, pp 53-61.
  • Navarro, Antonio José. "Sergio Sollima. Un aventurero del Oeste", Nosferatu 41-42, 2002, pp 155-166.

Mario Bañón Lorente 2ºA3